miércoles, 14 de octubre de 2009


La prácticamente imperceptible huella de un dedo en una esquina. Este mínimo detalle, invisible hasta la fecha, ha permitido atribuir un cuadro que se creía era obra de un artista alemán del siglo XIX al genio del Renacimiento Leonardo Da Vinci.

'La Bella Principessa' es el título de este cuadro que, según ha publicado la revista italiana 'Antiques Trade Gazette' pertenece a Da Vinci. Una huella del dedo índice o corazón que es "muy similar" a la encontrada en un 'San Jerónimo' del pintor renacentista y que conserva el Vaticano es la clave para atribuir la obra a Da Vinci.
"Capturarla nos llevó al menos dos horas y después tuvimos que estudiar más de 20 gigabytes de datos", señaló Jean Penicaut, responsable de la empresa Lumière Technology propietaria de la cámara multiespectral que captó la huella.
Pero no solo la huella dactilar sino también la prueba del carbono 14, que señala que el pergamino data de entre 1440 y 1650, y los análisis con rayos infrarrojos de la técnica del artista confirman la autoria de la obra.
El artífice de este hallazgo es Martin Kemp, profesor emérito de Historia del Arte de la Universidad de Oxford y experto en la obra de Da Vinci. Fue el quien tuvo un "pálpito" al ver la obra y comenzó sus estudios. Según confiesa él fue el primer sorprendido al ver como "todo encajaba" y relatará su historia en un libro de más de doscientas páginas que se publicará a finales de año. El propio Kemp fue quien decidió rebautizar la obra como 'La Bella Principessa'.
Un pequeño tesoro de tan solo 33 centímetros de alto por 23 de ancho, ha multiplicado su valor. De hecho el cuadro fue adjudicado hace más de diez años en una subasta en Nueva York bajo el título de 'Joven de Perfil con Vestido del Renacimiento' por poco más de 12.000 euros cuando ahora podría superar con creces los cien millones de euros. No el vano se trata del único hallazgo sobre Da Vinci encontrado en los útlimos 100 años

martes, 6 de octubre de 2009

Un nuevo llamado a la conservación del patrimonio bibliográfico del Archivo General de la Nación Argentina

La renuncia del último director del Archivo General de la Nación el historiador José Luis Moreno provoca una nueva situación de indefensión (y van…) de la institución donde se alberga uno de los más ricos patrimonios documentales del país e Hispanoamérica.
La Revista Ñ publicó, en el número del 5-9-2009, un reportaje firmado por varios autores -que pude leer en mi última visita a Buenos Aires- sobre la urgencia de una ley de archivos, la historia y la, ya muy vieja, lucha para lograr los mínimos recursos para poder atender a los investigadores y sobre todo las urgentes e imprescindibles necesidades para la conservación y restauración del material depositado en los 12 kilómetros de estanterías que albergan los fondos en dependencias de los ocho pisos de un edificio inadecuado y en permanente decadencia.
Lamentablemente no es una situación nueva; en mis visitas a este archivo en los últimos 25 años, no sólo por razones de consulta documental, he podido ver el lamentable estado e incesante proceso de deterioro del material sobre papel y el valioso patrimonio de soportes fotográficos. Documentación que sufre permanentemente todas las presiones y luchas de poder del gobierno de turno que se traducen en gestiones estériles para el patrimonio, reclamos de su personal y visitantes a la consulta del material.
Hoy sigue careciendo de las mínimas instalaciones de intervención, maquinaria y un plantel suficiente, especializado, para la atención a tanta urgencia. Aunque algunos de sus responsables: interventores, directores a través de tantos años de gestiones han planteado proyectos donde incluían la férrea intención de ocuparse especialmente de la conservación; que nunca pudieron concretar.
La riqueza histórica de nuestro Archivo General, es en definitiva nuestra memoria. Perdemos permanentemente trozos de ésta, debido a los efectos de la humedad– temperatura no controlada, las alteraciones químicas y biológicas, la suciedad, los hurtos, la desaprensión, etc. etc., permitiendo la desintegración que se produce sin interrupción, despojándonos de nuestro patrimonio documental.
Autoridades, todas, es vuestra obligación proveer los medios para que perdure nuestro patrimonio. Es hora de avergonzarse también de este abandono continuado, es hora de comprometerse, de gestionar las medidas que ya son impostergables; urgentes para que el archivo y nuestra memoria histórica sobreviva.