La renuncia del último director del Archivo General de la Nación el historiador José Luis Moreno provoca una nueva situación de indefensión (y van…) de la institución donde se alberga uno de los más ricos patrimonios documentales del país e Hispanoamérica.
La Revista Ñ publicó, en el número del 5-9-2009, un reportaje firmado por varios autores -que pude leer en mi última visita a Buenos Aires- sobre la urgencia de una ley de archivos, la historia y la, ya muy vieja, lucha para lograr los mínimos recursos para poder atender a los investigadores y sobre todo las urgentes e imprescindibles necesidades para la conservación y restauración del material depositado en los 12 kilómetros de estanterías que albergan los fondos en dependencias de los ocho pisos de un edificio inadecuado y en permanente decadencia.
Lamentablemente no es una situación nueva; en mis visitas a este archivo en los últimos 25 años, no sólo por razones de consulta documental, he podido ver el lamentable estado e incesante proceso de deterioro del material sobre papel y el valioso patrimonio de soportes fotográficos. Documentación que sufre permanentemente todas las presiones y luchas de poder del gobierno de turno que se traducen en gestiones estériles para el patrimonio, reclamos de su personal y visitantes a la consulta del material.
Hoy sigue careciendo de las mínimas instalaciones de intervención, maquinaria y un plantel suficiente, especializado, para la atención a tanta urgencia. Aunque algunos de sus responsables: interventores, directores a través de tantos años de gestiones han planteado proyectos donde incluían la férrea intención de ocuparse especialmente de la conservación; que nunca pudieron concretar.
La riqueza histórica de nuestro Archivo General, es en definitiva nuestra memoria. Perdemos permanentemente trozos de ésta, debido a los efectos de la humedad– temperatura no controlada, las alteraciones químicas y biológicas, la suciedad, los hurtos, la desaprensión, etc. etc., permitiendo la desintegración que se produce sin interrupción, despojándonos de nuestro patrimonio documental.
Autoridades, todas, es vuestra obligación proveer los medios para que perdure nuestro patrimonio. Es hora de avergonzarse también de este abandono continuado, es hora de comprometerse, de gestionar las medidas que ya son impostergables; urgentes para que el archivo y nuestra memoria histórica sobreviva.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario